El relevo que nunca llegará

Daniel, ya jubilado con 67 años, al igual que muchos agricultores, ve como después de toda una vida dedicada al cultivo del arroz, en Sueca, Valencia, no encuentra ni a jóvenes ni mayores, que quieran continuar la labor que él con 9 años, tuvo que aprender, por imperativo familiar. A pesar de continuar siendo un negocio agrícola, este jubilado afirma que aún hoy, la agricultura es necesaria y rentable. A él le ha dado para vivir muy bien, prueba de ello; sus hijas, a las que ha dado formación superior, y que otean un horizonte incierto para conseguir que la labor de antaño de su padre, pueda preservarse en las próximas generaciones. Con cierta nostalgia, Daniel se pregunta cómo habiendo más de un 40% de jóvenes en paro, él no consiga desde hace años, jornaleros a los que enseñar al igual que lo hizo su padre, a trabajar la tierra de los marjales para ganarse la vida, como él, lo ha hecho hasta ahora, de manera digna, y con esfuerzo.

Dentro de unos años, cuando nuestros mayores desaparezcan, quizá entendamos que sin ese esfuerzo, es difícil conseguir lo que uno persigue, por distante que sea de lo que a uno le gustaría ser, jugador de fútbol, presentador de televisión o corredor de motoGP.

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