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Los últimos glaciares bajo el sol de medianoche

Así titulamos a nuestra aventura fotográfica al noroeste de las islas Svalbard hace unos meses. Después de casi dos años buscando hueco, madurando y preparando con mimo una nueva experiencia photolocus con un itinerario diferente que estuviera enfocada en los últimos glaciares para celebrar nuestro X aniversario Photolocus. Aún así, nunca hubiéramos imaginado lo que nos íbamos a encontrar, y que la suerte nos acompañaría incluso para poder ver con claridad ese sol de medianoche iluminando los glaciares de nuestro itinerario.

Durante ocho días a bordo de un velero de acero perfectamente equipado y ya experimentado en éste tipo de expediciones por el tierras del ártico nos embarcamos en una de las aventuras fotográficas más increíbles que hemos podido vivir hasta la fecha y que ha encantado a todos y cada uno de los diez asistentes de ésta primera expedición.

A pesar de no ser un barco pequeño, las limitaciones de espacio de éste tipo de embarcaciones, en camarotes y zonas comunes, o la cubierta con sus veintiún metros de eslora del velero han sido más que suficiente como hogar para los diez aventureros, durante toda una travesía principalmente marítima, pausada y sin prisas, pudiendo acercarnos en ocasiones con calma y completa intimidad a muchos de los glaciares que teníamos en programa, para poder contemplar de cerca sus formas y para poder interpretar mejor si cabe, los cambios y efectos que el clima y los años ejercen de manera imperiosa sobre uno de los ecosistemas más vulnerables y afectados por el cambio climático.

Hemos podido observar tanto desde popa como desde la proa, lentamente como se despedazaban los bloques de hielo de las morrenas y se deslizaban hacia nosotros lentamente siguiendo el curso de las corrientes y aunque los glaciares han sido los protagonistas, no han sido los únicos de éste viaje fotográfico.

Hemos estado acompañados en ocasiones de cetáceos, algún delfín, avistamos una ballena azul según el capitán, rara de ver, o los incansables fulmar que volaban a pocos metros junto a nosotros con su rasante sobre las aguas que iba rompiendo el barco.

Todo nuestro recorrido ha sido una amalgama de instantes únicos llenos de emoción y alertas de avistamientos de unos y otros ejemplares de cetáceos que nos tenían en vilo esperando ver y oír su expiración en su salida a la superficie. El zorro ártico también se ha dejado ver en varias ocasiones, pero sobretodo además de mucha avifauna, frailecillos, fulmar y otras muchas especies de la zona, hemos estado acompañados de un paisaje entre fiordos que nos ha estremecido a todos por su grandiosidad y belleza. El tiempo no podía ser mejor, pero la compañía ha hecho que todo fuera igual de fluido que la ruta suave y calmada por los fiordos del archipiélago.

La convivencia también con la tripulación del velero, formada por Jim, Johannes y John ha sido una experiencia muy enriquecedora, que nos han demostrado a diario su modo de vida y cómo ejercer un trabajo profesional y al mismo tiempo mostrar su cara más amable las veinticuatro horas del día nórdico. Nos ha tocado desplegar las velas del palo mayor, recoger otras y aprender de alguna de sus tareas como marineros, una vida sacrificada pero inmensamente gratificada por la libertad de surcar los mares a bordo de un velero empujado por el viento.

Cada jornada teníamos prevista una salida o varias para poder hacer “landing”, bajar a tierra en las zodiac, y estirar las piernas en la visita a algunos de los rincones humanizados, que han marcado los últimos siglos en esta latitud de la tierra. Minas abandonadas de carbón o mármol, bahías de tramperos, cabañas de cazadores de principios de siglo XX o ciudades fantasma en las que sólo queda el recuerdo y los edificios de sus anteriores pobladores rusos. Todo lo que hemos tenido la suerte de poder ver ha sido un respiro, de lo más extremo de la naturaleza hasta lo más surrealista del paso del hombre en el hogar y punto de partida en sus primeras salidas al polo norte, así como las costumbres, modo de vida y condiciones en las que vivieron pagando el precio de habitar ésta parte del mundo.

El sol de medianoche lo recordaremos en esta latitud como una luz resplandeciente que calentaba en cubierta nuestra atenta mirada a una temperatura gélida pero llena de admiración por poder realizar el viaje soñado a los últimos glaciares.

Sólo me queda agradecer a los aventureros de ésta primera edición, Luis y Carmen, Alfredo y Sol, Maria José y Benjamín, Mariano, José Ramón, Jesús y Xan su afán por querer compartir su tiempo en ésta expedición y conquistar con su mirada durante todos estos días el paisaje de uno de los rincones más bellos que he conocido.

Gracias también a la tripulación por guiarnos y hacernos tan fácil ésta nueva aventura photolocus que ya tiene fechas para agosto de 2020.

En cuanto me sea posible y antes de partir de nuevo, subiré el vídeo del viaje como recuerdo de ésta edición para que quede en cada uno de ellos también un documento gráfico conjunto de nuestro paso por las Svalbard.

Aunque siempre insisto a los asistentes en dejar reposar las fotografías de cada viaje al menos una o dos semanas, en mi caso, no me queda más remedio que hacer una selección rápida, para editar e incluirlas cuanto ántes en la galería y el vídeo que debo terminar, en estos dos días de amarre en casa antes de partir de nuevo.

Espero que os gusten. ( Ver Galería de imágenes del Viaje de Svalbard )

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