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La ferieta de Aínsa, tradiciones con arraigo

Ferieta de AINSA 2019

La Ferieta es una fiesta grande de la localidad de Aínsa, que se celebra el primer domingo de febrero. Esta preciosa villa medieval, está ubicada en la comarca del Sobrarbe, a un paso del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en el pirineo de Huesca y aunque han pasado muchos años desde el inicio de esta fiesta tradicional, que algunos datan en el siglo XI y por ello el mercado más antiguo del que hay constancia en Aragón. Hoy es de esas tradiciones con arraigo, que siguen vivas y representan en buena parte, la cultura y gran capacidad de adaptación de quienes viven en el medio rural, para alzar la voz y seguir siendo parte imprescindible de él, velando de su entorno y poniendo en valor tanto mitos como semillas o recetas de una gastronomía montañesa, a través de un amplio abanico de productos locales, como carnes, quesos, embutidos, miel, dulces o vinos, elaborados no de muy diferente manera a como se hacían antaño por nuestros antepasados, pero hoy evolucionados con los tiempos.

Desde hace ya unos cuantos años tengo la suerte de poder asistir cada año bien por cuestión de cursos, talleres o charlas y exposiciones. Una cita obligada, no siempre con el tiempo que uno desea, pero que me ha permitido ir conociendo un poco mejor, la historia de sus fiestas, su cultura o a sus hospitalarios vecinos, tanto de la villa como de los pueblos cercanos en donde además tengo la suerte de visitar a buenos amigos y clientes.

La Ferieta encierra mucho más que una tradición, un mercado o una simple subasta de ganado. Gracias al igual que en generaciones anteriores y en otras épocas con personas anónimas o populares que llevaron a cabo arraigo y tradición, cuyo principal interés fue, que nunca cayera en el olvido.

Hoy, el esfuerzo Enrique Pueyo alcalde de la localidad y José Antonio Murillo, director de la feria, son junto a un buen número de personas de la organización y gran parte de vecinos implicados, los culpables del éxito de cada edición y quienes hacen posible que hoy los hijos, sobrinos, nietas o descendientes de aquellos primeros mercaderes, tratantes y feriantes, continúen con ésta tradición del Sobrarbe, en la que seguir acudiendo cada año. Evento en el que a pesar del viento, el frío o la nieve que puedan llegar a enfriar en ocasiones la nariz de los zagales, pase inadvertida la meteorología, gracias al calor de esa preciosa plaza aportillada medieval, a su hoguera y lumbre constante, con aroma de sus longanizas, ternera, o el caldo de gallina, siempre acompañado por la hospitalidad de quienes allí acogen a todos los visitantes que acuden año tras año.

Quienes también somos parte del medio rural y curiosos viajeros por naturaleza igualmente, nos enorgullecemos de poder seguir mostrando a nuestros amigos, todos esos rincones, lugares y tradiciones, que dejan claro el valor que poseen.

Éste año, con mirada fotográfica, estiramos las 24 horas que tiene el día entre viaje y viaje, para poder también dejar archivo gráfico y documental como homenaje a quienes hacen posible cada año vivir esta arraigada tradición. Si no has podido en ésta ocasión, aquí tienes un resumen, pero al año que viene, no te la pierdas 🙂