Algo nos mueve

ReflejosLa fotografía además de una afición se convierte en una de las curas mas sanas para muchos tipos de enfermedades relacionadas con nuestra mente y a las que nos vemos sometidos por la intransigente carrera en nuestro día a día.

Para hacer fotografía necesitamos un tiempo de reposo, sosiego y tranquilidad, observando a través del visor, un plano concreto que nos gusta o llama la atención, lo que invita con relajación y detenidamente a ver el encuadre o los detalles que tenemos delante. Ajustar la luz mediante un diafragma que dejará entrar mayor o menor cantidad de luz para obtener una toma clara u oscura o jugar con la velocidad del obturador que abrirá mas o menos tiempo la cortinilla y que congelará o difuminará aquello que estamos fotografiando, es solo la base, pero también el comienzo de una gran aventura hacia nosotros mismos y nuestro interior.

Hay varios conceptos que para mi son primordiales y que nos mueven a fotografiar aquello que nos rodea y tenemos la suerte de poder ver. Uno de estos conceptos es que la fotografía es una experiencia y como tal debe vivirse. De nada sirve el viaje si no disfrutamos de él.

Muchas veces somos testigos de situaciones curiosas en las que personas que viajan con nosotros en grupo, no separan el ojo de su cámara de vídeo o de su visor de la compacta o réflex, mientras un guía nos va explicando los detalles del lugar, su historia, el significado de lo que estamos visitando. Para más inri esa persona ajena al mundo externo siempre es la última en llegar a los puntos de encuentro del grupo, por decirlo de alguna manera, no entiende el fin de la fotografía, que es que en el viaje primero hay que descubrir lo interesante del envoltorio y que casi siempre está dentro de la caja. Uno se emociona en lo superfluo del panorama y se olvida del detalle.

MonasterioBuscar lo significativo del lugar, explorar sus formas, curvas, sombras y definir lo que a nosotros nos atrapa de todo ello es la esencia de ese momento, el verdadero motivo que nos debe dar pie a experimentar con nuestra cámara pero siguiendo un orden, como todo en la vida. En el caso del viaje en grupo, la experiencia nos enseña con el tiempo que es preferible una vez recibida cualquier explicación del guía turístico, lo bueno es quedarse con los conceptos que más nos sorprenden y entonces…! sí, fotografiar aquello que nos ha calado, para sentirlo después como entonces y si es posible para poder contar o transmitir el significado de esa toma, de esa fotografía que hacemos, porque detrás de ella hay una historia, un detalle, algo que transmitir a los demás, no por vanidad sino por haber tenido la suerte de vivirlo en nuestra piel, habernos emocionado y generado un sentimiento único. En muchas ocasiones esto nos dará pie a volver al lugar en una nueva escapada y con detenimiento sacar más partido a nuestra primera incursión en grupo a esa zona.

Otro de los conceptos que nos mueven en mi caso, es la curiosidad. Esa continua virtud o defecto por querer conocer. Cada momento, cada minuto, somos protagonistas de nuevas y desconocidas situaciones. La curiosidad es una de la piezas claves que nos mueven a la aventura. Al fotógrafo es la propia curiosidad la que le anima a experimentar una y otra vez con su cámara, los detalles del paisaje, la composición, el encuadre. Experimentar es parte de esa curiosa manera de ver las cosas y conseguir resultados, sin experimentación, sin práctica, difícil que encontremos los que buscamos.

El viajero, que además tiene la oportunidad de adentrarse en su práctica, en el paisaje, la naturaleza desapercibida o la compleja y bella existencia de la flora y sorprendente fauna, descubre que gracias a ese acercamiento al medio natural comienza a entender y ver los emblemáticos y sabios rasgos que rigen nuestra existencia.

Al igual que el paisaje nos permite deleitar nuestra vista y sentidos en un mundo todavía hoy desconocido, ese detenimiento obligado que existe en la fotografía de naturaleza nos invita a ser mejores y respetar cuidando y defendiendo la frágil y en extinción natura que habitamos. El viajero debe estar movido por un alma inquieta, aventurera, capaz de absorber como esponja, todo aquello que ve y le rodea. Sólo pausando el tiempo a través de nuestra mirada podremos realizar nuestras propias fotografías, nuestro ángulo, visión y enfoque de lo real para convertirlo en la ficción irreal de la imagen.

Lo que nos anima a obtener una fotografía es la satisfacción de conseguir captar el momento tal y como lo vemos a través de nuestros ojos, aunque esto no siempre es posible, puesto que nuestros ojos ven muchos más colores, pixeles y resolución que cualquier sensor fotográfico, aún así podemos acercarnos bastante a la realidad. Para ello conocer la cámara y las posibilidades de nuestro equipo nos ayudará mucho, ya que no es una cuestión de sofisticados cuerpos y lentes claras y precisos objetivos, sino de un principio de práctica en error y acierto. Hoy cualquier máquina digital permite eso, ver en que nos hemos equivocado y corregir, cuestión muy difícil hace unos años en los que los resultados del revelado nos ofrecían en mi caso, tres o cuatro fotografías buenas de cada carrete.
Continuará……..

Extraído de del primer capítulo de Fotografía de Viajes, El Mundo, tu cámara y tu

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