Observando a quien observa

Desde hace mucho tiempo, probablemente desde que empecé a mirar a través del visor de la cámara, siempre me llamó la atención descubrir en el detalle, en el instante, la particularidad de las personas y del momento o entorno en que se hayan encuadrados. Observar es algo obligado porque es una tarea que requiere disfrutar de nuestra mirada. Cada año que pasa, miramos de diferente forma, y esto es algo maravilloso para el fotógrafo, para el viajero, que con el tiempo aprender a mirar, más y mejor.

Uno de los libros que más ha estado presente en mi cabeza durante años, “Fotografía de Viajes” de ese gran fotógrafo, Tino Soriano, insiste una y otra vez en que la observación es la base del disfrute del viaje, y solo así, la esencia de éste, es posible capturar momentos únicos. Mirar, anotar y disfrutar, y luego si se es posible disparar, si no, no pasa nada. De ahí ese arte de vivir el viaje, que tras años de chascos y caminatas con equipo cargado al hombro, no nos ha quedado mas remedio que aprender, a quienes no podemos dejar esa pasión del viaje y de la fotografía de viajes.

De tantas y tantas fotografías que he ido capturando en la Plaza Mayor de Madrid durante años, el otro día repasaba una reciente, y que poco a poco me acerca más a esa esencia que tanto esperas y sigues buscando, observando a quien observa y que una vez más demuestra que “Viajar es sinónimo de vivir porque la vida, al fin y al cabo, es un viaje”, como bien dice ese gran maestro, Tino Soriano.

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