Ordesa y Monte Perdido, el mayor coloso calcáreo de Europa Occidental

El mayor macizo montañoso calcáreo de Europa occidental, Monte Perdido, fue declarado ya Parque Nacional del Valle de Ordesa en el año 1918, pero no será hasta el año 1982 cuando se incluya en el mismo,  la superficie de su perímetro de Cañón de Añisclo, Monte Perdido y Gargantas de Escuaín, convirtiéndose así en el actual Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Declarado Reserva de la Biósfera en el año 1977 y declarado posteriormente Patrimonio de la Unesco en el año 1997, queda clara la importancia y riqueza natural de este enclave localizado en el Pirineo Aragonés, no sólo por el paisaje abrupto y escrpado de sus macizos, sino por la gran riqueza y biodiversidad que alberga. Se calcula en cerca de 600.000 visitantes anuales visitan el Parque Nacional, lo que puede suponer una presión demasiado importante para un espacio natural de tan sólo 15.000 has.

Este espacio natural, es resultado de la elevación geológica de plegamientos calcáreos hace 35 millones años, y goza de unas precipitaciones anuales de entre 700 y 2.000 litros por metro cuadrado, existiendo una variabilidad en su clima importante dependiendo de la orientación de sus valles internos. Así es el caso de Escuaín o Añisclo, con su bosque mediterráneo que está compuesto de encinas y quejigos en altitudes bajas del valle, junto con tilos, serbales, arces, abedules que dan color al otoño multicolor que lo caracteriza. A nivel botánico, son más de 1.500 especies las que conforman este ecosistema, pero es también a nivel entomológico un lugar en donde está representada el 50% de las especies diurnas de la Península y el 70% de las pirenaicas, entre ellas la mariposa isabelina.

Entre su fauna, la riqueza y biodiversidad es también un factor común con especies características de la zona como el Quebrantahuesos, el Águila Real o el Rebeco, además de muchas otras que conviven en un espacio lleno de contrastes, cortados y diferentes hábitats coexistentes de bosques mixtos y alpinos entre cascadas y barrancos de gran belleza.

La visita a este Parque Nacional debe estar sujeta a una serie de recomendaciones que todo visitante debería seguir, entre ellas, la necesidad de un equipamiento mínimo para transitar por la alta montaña, sea la época que sea. No es la primera vez que movidos por la popularidad de este espacio natural, autobuses de turistas, no provistos del equipamiento mínimo, sufren algún percance o accidente que como es habitual se debe a la falta de previsión y desconocimiento del peligro latente que supone adentrarse en la alta montaña.

Como recomendación a quienes visiten la zona a finales de primavera, en verano u otoño, existe un servicio de guías en la localidad de Torla, que conducen en taxi todo terreno hacia la ruta de los miradores, donde la perspectiva y altitud de éstos deja clara la magnitud de sus dominios e imponentes masas calcáreas del Parque Nacional. Además de ello, una sugerencia es visitar muchos de los núcleos rurales que circundan o están incluidos en la zona, como Escuaín, Revilla, Viu, Fanlo, Broto y Aínsa o Bujaruelo, localidades que muestran todo el esplendor de la cultura y tradición de los habitantes de estos valles pirenaicos y de la gran riqueza en patrimonio que todavía permanece en el Sobrarbe. ( Ver archivo )

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