El último pastor

Aragüés del Puerto es uno de esos pueblos escondidos dentro del Parque Natural de los Valles Occidentales, espacio protegido declarado así a finales del año 2006. Este pueblo preservado en el entorno pirenaico, ubicado entre el Valle de Echo y Aísa guarda tradición y una historia como la de tantos otros repleta de vivencias y buenos tiempos.

Hasta hace unos años la ganadería lanar principalmente y la cría de bovino en menor medida han sido parte de su actividad económica, junto con la explotación forestal y la caza. La creación del Parque Natural ha contribuido de importante manera en la pérdida de muchos de estos aprovechamientos que están ahogando las arcas municipales y los ingresos económicos de subsistencia para la inversión propia en infraestructuras y la adaptación por derecho a nuevos modelos de desarrollo rural.

En 1900 el valle tenía una población de 901 habitantes, que en los años 80 bajó a 262 habitantes, y que se ha quedado en 128 habitantes en Aragüés, según último dato estadístico del año 2008. Las causas principalmente han sido; la emigración a las capitales y un importante envejecimiento demográfico de las dos únicas poblaciones del Valle, Aragüés y Jasa.

Hace dos años el único ganadero de vacuno en Aragüés, “Pascualico”, se retiró del mundo la vacas y es hoy ,cuando el último pastor de lanar de la localidad, “Andresito”, se ha quedado sólo, con sus trescientas cabezas de lanar, esperando pronto su retiro y recordando como en tiempos atrás la soledad del monte y la dura vida del pastor tenía su recompensa.

Aunque los pastos, praderas y la hierba de éstos valles, son probablemente el mejor sustento de cualquier ganado, muy diferente de los piensos y medicinas de mejora animal a las que hoy se ven sometidas las ganaderías en las granjas, los pasos y fuerzas de sus pastores, han ido flojeando con el paso del tiempo. Las generaciones venideras no ven futuro en esa labor centenaria, que siempre ha llenado de orgullo durante años a quienes cada primavera, a mediados de mayo o principios de junio subían a puerto (parte alta del valle), sus cabezas de ganado; ovejas, vacas y caballos. Ahí pasaban una temporada hasta que el frío del otoño les hiciera descender de nuevo al valle para estabular durante el invierno en las naves aledañas a las poblaciones.

Quizá la independencia o individualidad por parte de los propios ganaderos de este valle unido con la falta de apoyo y ayudas o el miedo a evolucionar hacia modelos sostenibles del mercado actual ganadero, como las cooperativas y la unión de agricultores y ganaderos haya llevado a día de hoy a un callejón sin salida, en el que ni hijos ni tampoco inmigrantes cogerán el testigo de los que hoy tienen el título obligado de últimos ganaderos.

Como reflexión, solo aportar una vez más que los responsables de las políticas medioambientales y de quienes gestionan los fondos europeos que rigen nuestra comunidad aragonesa, deberían tener en consideración que no todo lo que se firma en los despachos, tiene en cuenta a quienes con poco peso y voto siguen olvidados, aislados y apartados de las ayudas que son desviadas e invertidas para nuevos salarios funcionariales y equipamientos e infraestructuras desorbitadas en los tiempos que vivimos.

Desde mi blog sólo puedo dar a conocer mi opinión personal y mostrar mi apoyo a quienes desde niño me enseñaron a vivir y dejar vivir.

A los últimos pastores y ganaderos de Aragüés del Puerto.

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