De viaje por la Alcarria y la Serranía, los pueblos negros

Monasterio, luces al albaDurante algo mas de 48 horas he tenido la suerte de viajar en esta ocasión en compañía de unos fanáticos de la excusa del buen comer y descubrir nuevos rincones de la geografía española, a un lugar muy especial de la sierra norte de Guadalajara. Su nombre Monasterio, uno de esos lugares que guardan el encanto de la huida del mundanal ruido. Nos hemos alojado en una casa de turismo rural formidable, El Rincón de Monasterio , en donde su anfitrión nos ha tratado a las mil maravillas ofreciéndonos un alojamiento confortable, amplio y acogedor para los nueve integrantes de la expedición.

Decir que muy cerca de nosotros tenemos lugares con encanto que nos ayudan a entender mejor el mundo rural y sus peculiaridades quizá resulte obvio, pero si es verdad que muy cerca de la capital de España, la madrileña urbe, ciudad de los negocios, encontramos lugares a poco más de una hora, llenos de sorpresas, con una arquitectura peculiar y una pan excepcional, tipo candial o amacerado como llamamos en Aragón.

Durante estos dos días he podido disfrutar aparte de la buena compañía del equipo de “Al filo de lo increíble“, formado por Julia, Esther, Pepe, Olga, Carlos, Carol, Rosaura y Rosamari, de una estupenda gastronomía a base de sopas de ajo, migas a la pastora, novillo y ternasco y embutidos del país.
Además de estos manjares y del esbelto y aún latente territorio de la arquitectura negra, hemos ido recorriendo alguno de estos núcleos rurales denominados pueblos negros, que repletos de lajas de pizarra visten muros y tejados de color negro y mate que responde de éste apreciado mineral de la tierra norte de la sierra de Guadalajara.

La natura por supuesto ha sido protagonista también en varios de los lances de la expedición, avistando a la culebrera y algún que otro pajarillo de los robledales y recorriendo parajes o lugares singulares que merece la pena descubrir en otra ocasión con más detenimiento, entre ellos Galve de Sorbe, Valdepinillos, las cercanías del Pico Ocejón y el robledal de Monasterio, en donde los colores de otoño aún nos han permitido colorear nuestra mirada.

De todo ello, aquí queda alguna instantánea:

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