Roncesvalles vuelve a embrujar nuestra retina

Este pasado fin de semana especialmente otoñal, he tenido la suerte de poder compartir con un grupo de asistentes ansiosos de la aventura fotográfica, venidos de Cataluña, Galicia y Navarra, otra de esas mágicas experiencias de una época demasiado efímera y que tan solo dura unos días. Durante la celebración del Taller de fotografía otoñal en Roncesvalles organizado por Photolocus y con campo base arropados por la excelente gastronomía de Casa Sabina y alojados en el siglo XVIII, entre los muros del magnífico Hotel Roncesvalles, en estas jornadas fotográficas de viaje y paisaje, hemos podido sobretodo disfrutar de la fotografía rural, pero además, adentrarnos en alguno de esos lugares, que gracias a seguir siendo desconocidos, pasan inadvertidos, y siguen guardando la identidad singular como hace siglos, con un encanto que supera en mucho, a otros cercanos y demasiado concurridos hayedos otoñales.

La nuestra ha sido una vez más, como lo es la fotografía, otra ocasión de esas irrepetible, en la que volver a descubrir la esencia de la natura y patrimonio del pirineo navarro, entre bosques vírgenes, horizontes fronterizos al caer el sol, caballos posando entre paisajes otoñales o fachadas ocultas bajo la luz de las estrellas. Esta ha sido nuestra manera de disfrutar de la fotografía en buena compañía.

Quiero dedicar por ello este post y dar las gracias tanto a Casa Sabina como al personal del Hotel Roncesvalles por su hospitalidad y en especial a los asistentes al taller por compartir y querer seguir  disfrutando y aprendiendo a través de la fotografía como descubrir nuevos lugares para además de sanear el alma, embrujar nuestra retina.

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